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Vale la pena estar fuera

Nací en Limache, porque ahí se encontraba el hospital más cercano a  Narváez, mi pueblo. Un lugar cerca de Olmué, donde vive principalmente gente de campo.
Cuando tenía 13 años mis padres se separaron y desde entonces comprendí que mi vida era mi responsabilidad. Comencé a trabajar y a los 18 años partí a Viña del Mar a trabajar de cocinera de un hotel.

A los 21 se me presentó la oportunidad de partir a Florida, Estados Unidos. Algo lejos, pero sólo quería irme. En Chile, en aquellos tiempos, trabajaba más de 16 horas y sólo vivía para pagar mi renta y la comida, de ropa ni hablar, eso era algo muy a lo lejos.

Cuando llegué a Coral Springs, en Florida, me parecía todo muy solitario. Llegué a trabajar de interna, para cuidar dos niños y limpiar la casa. Los dos primeros meses  extrañaba a la gente en la calle. Me desesperaba un poco el no poder comunicarme, pero cuando quieres algo lo consigues.

Poco a poco fui aprendiendo, tanto el idioma,  como otras cosas que son necesarias: conducir un auto por ejemplo. Fui conociendo gente de muchas nacionalidades. Trabajé dos años en Coral Springs, con aquella familia y luego tuve la oportunidad de trabajar para una modelo, que por lo cierto, me pagaba muy bien. Desde entonces me independice, renté un departamento y me puse a estudiar enfermería.

Lamentablemente estaba ilegal, porque los antiguos patrones, no cumplieron con mi legalidad. Pero aún así no pensaba en negativo. En aquellos años de 1999, aún en Estados Unidos, el ilegal tenía algunos privilegios, como derecho al carnet de conducir, que en Florida es una herramienta más para el diario vivir.

Siempre me ha gustado la cocina. Poco a poco fui conociendo gente que me contrataba para algunos eventos como bodas o bautizos, lo que significaba un importante extra económico. Me sentía más adaptada y jamás me faltó el trabajo, pero después del 2001, todo comenzó a cambiar, la guerra contra los terroristas no sólo quedó en eso, también se volcó contra los ilegales.

Aunque muchos de nosotros no nos sentíamos así, ya que pagábamos impuestos y habíamos tratado por todas las formas de regularizar nuestra  situación, me fui dando cuenta que nada es lo mismo. Varias de las personas para las que trabajé intentaron legalizarme, pero la ley I/ 241 estaba cerrada. Lo terrible fue ver que cada día estaba más expuesta a que me descubriera un policía y me deportara a Chile.

En el 2004 advertí que mi permiso de conducir vencía en febrero de 2007. Fue, entonces, cuando me senté a pensar en volver o seguir con miedo en “el país de las oportunidades”. Mi primer pensamiento fue: “si regreso debo hacerlo con dinero para poner un negocio”. Pero no quería. Desde que había llegado a Estados Unidos jamás viajé a Chile, ya que el ilegal no tiene derecho a salir y volver.
Cada día aumentaban las redadas en fábricas o en casas y mi miedo aumentaba en un stress diario. Tanto trabajar para que de la noche a la mañana te echen sin derecho a nada.
 
El 2006 había decidido irme a Chile. Había comprado una casa allá y tenia algunos ahorros. Pero esas cosas de la vida, siempre quise viajar a España, ya que tenía amistades en Bilbao, familia en Sevilla y un amigo en Málaga. Como buena chilena “patiperra”, en vez de regresar a mi país, compré un ticket de avión con destino Madrid.

Mi primer destino fue Málaga y aquí estoy desde principios del 2007. Cuando llegué me pareció que estaba en Valparaíso, el puerto, sus casas en los cerros y su gente era tan amable como la chilena.   El encanto de esta cuidad es la historia que guarda.

Quién iba a decir que aquí en Málaga estaba mi media naranja. Todos los días iba por un cafecito, y allí estaba él. Ya se me acababa la estadía y debía visitar a mi familia en Sevilla, pero decidí quedarme y aquí estoy, al lado de mi novio, escribiendo mi historia y con fecha de boda para este  2008.

Pronto iré a Chile, pero no lo haré sola. Cuando vaya iré con mi esposo, y él conocerá mi tierra, mi familia y mis amistades, y yo volveré a ver a los míos. Ahora, no se como estará todo por allá. Dice mi familia que Chile esta diferente, que el pueblo ya no tiene lechería, que las calles están pavimentadas, que Narvaez tiene un resort, entre tantos otros avances. Yo sólo deseo abrazar a los míos, y decirme a mi misma que después de tantos años fuera, se siente bien volver a Chile y que vale la pena estar fuera. 

 

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